domingo, febrero 17, 2013

Montserrat o evitar el error de Cosme de Churruca

Tiempo ha que reaparecían en estas  endemoniadas líneas esas mujeres que capitalizaron la atención de todos por su arranque que recaudar con sus fotografías lo que la Consellería de Educación de la Comunitat Valenciana les negaba.
Y hoy las Madres de Montserrat vuelven a estas líneas de la mano de Cosme de Churruca, aguerrido capitán, y del San Juan Nepomuceno, su barco en la tristemente famosa para el orgullo patrio batalla de Trafalgar.
Porque, además de seguir enfrentándose a sus problemas, ahora deben enfrentarse al peligro de que otros comentan el mismo error que ese experimentado navío cometió cuando vio que la primera andanada de los bajeles de Su Graciosa Majestad se quedaban cortos en el tiro. Pensó que tenía tiempo para cargar y maniobrar porque su barco estaba fuera de tiro.
Las madres de Montserrat, que exhibieron su sensualidad, que hicieron rifas y desfiles de moda, que organizaron partidos de fútbol para lograr el dinero suficiente para poder llevar a sus hijos en autobús al colegio, lograron parcialmente su objetivo económico, pero no han parado.
La Conselleria lo dejo pasar en la fatua esperanza de que conseguido el dinero se omitiera la necesidad de justicia. Así piensan, así se obligan a pensar, así les gusta pensar. Lo económico por encima de todo, lo económico como único baluarte de la bondad o la maldad de cualquier acto.
Curiosamente muy marxista para alguien que se hincha a genuflexiones religiosas y a discursos neocon como es la consejera Catalá y todo el Gobierno Valenciano.
Pero claro, como esas mujeres no son ellos, no piensan como ellos. Pese a las críticas, pese a los rifirrafes con otra parte de los padres del colegio Evaristo Calatayud -parte de los cuales experimente en blog propio-, ellas siguen reclamando la justicia aunque ya hayan conseguido el dinero.
Porque conseguir ese dinero es responsabilidad de la Consellería de Educación, no de sus curvas voluptuosas, ni de sus modelos desfilados, ni de las cuarentonas patadas y desmarques de los veteranos del Valencia CF.
Porque el parche del dinero conseguido no sutura el descosido perpetuo que genera la eliminación de las ayudas.
Y Catalá sigue en sus trece, como sigue necesitando todo su dinero para que las entidades religiosas con las que pretende concertar sus Escuelas de Iniciativa Social no paguen impuestos ni abonen los terrenos cedidos, sigue en sus trece; como sigue necesitando sacar dinero de la Enseñanza Pública para pagar los conciertos que adeuda, sigue en sus treces; como sigue en su política de llevar la educación valenciana al lado de dios, renunciando a ponerla del lado de sus ciudadanos, sigue en sus trece.
Es obvio que en esas circunstancias de voluntades enfrentadas, de posiciones inmóviles, de defensa a ultranza de la justicia contra irreflexivo inmovilismo de la excusa económica que da la consellera para enmascarar lo que no es otra cosa que pura ideología sectaria, no puede haber acuerdo. No existía tal posibilidad al principio y no la hay ahora, aunque la Consellería montara la semana pasada una mascarada a la que dio el nombre de reunión.
Así que solamente les queda a las madres de Montserrat -que se han ganado ese nombre no por ser las únicas, sino por necesidad de ubicación a la hora de referirse a ellas- es la mediación, la intervención de la justicia, que una tercera parte decida quién tiene razón o, para ser más exacto, que alguien con poder le recuerde al Gobierno Valenciano que la justicia está por encima de sus necesidades económicas y de sus planteamientos ideológicos.
Y ese camino ya lo comenzaron. Lo iniciaron desde el principio, al impugnar los criterios de selección para las ayudas.
Y ese es el motivo de parte de su enfrentamiento con el resto de los padres del Colegio Evaristo Calatayud. Porque esos padres y madres, que si tienen concedido el autobús, que si entran dentro de los criterios, temen perderlo si se cambian, temen quedarse sin esa necesaria ayuda si los criterios se declaran ilegales.
Y aunque su miedo sea fuerte, aunque puede justificarse parcialmente, esos progenitores de Montserrat tendrían que tener claro que los criterios han sido impugnados no para reducirlos sino para aumentarlos.
Tienen que pararse a reflexionar que si la Consellería o la consellera reaccionan virulentamente a esa reclamación de justicia, no será culpa del quien demanda justicia sino de quien se niega a darla. Y sobre todo tienen que tener clara una cosa: que algo no deja de ser injusto porque no nos afecte o incluso nos beneficie, que no se puede mantener una reclamación de un derecho solamente cuando nosotros estamos incluidos en los que pierden en ese derecho -como es su lucha constante contra los barracones, contra las condiciones casi inhabitables del Evaristo Calatayud y todos los demás recortes que les imponen las cuentas del Gran Capitán que hace Catalá con el dinero de los valencianos-.
Deberían pararse a reflexionar que la defensa de los derechos empieza cuando solo uno los pierde, aunque todos los demás los mantengan. 
Porque la crisis, la arrogancia de nuestros gobernantes estatales y autonómicos y la agonía boqueante del sistema económico en el que nos basamos han arrojado al saco de los tiempos pasados los días en que era plausible salvarse a sí mismo mientras se veía que los demás caían alrededor.
Esa actitud nos ha llevado donde estamos y no nos sacará de esta situación.
Pero más allá de este debate interno entre padres y madres de Montserrat en el que no quería terciar pero en el que he terminado interviniendo -si es que no sé contenerme-, la herramienta legal y judicial de las Madres de Montserrat seguirá su curso y es posible que ese camino acabe en los altos tribunales mientras ellas siguen buscándose las lentejas para pagar su transporte escolar.
Pero unos y otros y por supuesto las honorables señorías que se vean forzadas a conocer de la materia deberían tener algo claro.
Más allá de la Constitución, más allá del Derecho a la Educación, más allá de los derechos cercenados de unos y mantenidos por los pelos de otros, hay una realidad tan clara, tan transparente, tan diáfana, que a nadie se le debería escapar.
Lo que ha hecho Catalá con el transporte escolar en el Evaristo Calatayud, no es una cacicada, no es una perversión ideológica, no es un error o un fallo de visión política. es un delito y tiene nombre: se llama prevaricación.
Se llama dictar una norma injusta a sabiendas de que es injusta.
http://www.calendariosolidarioautobus.com
Porque Catalá y con ella el finado políticamente Jorge Cabo basan su insistencia, su enroque de reina en una orden promulgada en Junio de 2012 en la que se modifican los criterios de acceso a esas ayudas.
Y esos criterios se cambian a sabiendas de que dejarán fuera a muchos. Esos criterios se cambian porque la distancia -los famosos tres kilómetros- empiezan a medirse en línea recta sobre mapa, no sobre distancia de vías transitables.
Y ellos saben que no se puede hacer así. Ellos saben que no han desparecido las montañas, que entre las faraónicas obras de su gobierno hay circuitos de Fórmula 1, aeropuertos fantasma, puertos deportivos piratas y un sinfín de obras inútiles pero no hay una red de túneles o de puentes que permitan  recorrerlos en línea recta.
Así que cambian los criterios cuando no han cambiado las circunstancias y lo hacen con la única intención de dejar fuera del derecho a quién quieren dejar fuera. De modo que la perdida de la ayuda no es una consecuencia indeseada del cambio de criterios sino que el cambio de criterios es una consecuencia buscada del deseo del legislador de eliminar ese derecho para un colectivo en concreto.
Y eso, aunque funcione de la forma inversa a la que se utiliza normalmente en estos casos -que es crear una norma ad hoc para beneficiar a un colectivo en concreto- solamente tiene un nombre: prevaricación.
Y todos harían bien en pesar en ello antes de posicionarse a favor o en contra de esos criterios. Las Madres de Montserrat lo tienen fácil porque son las perjudicadas, los jueces lo tienen fácil porque saben de leyes, de principios legales y se les supone que saben de justicia.
Y los demás, si lo tienen difícil, pueden hacer un ejercicio.
Cierren los ojos e imaginen que el 30 de junio del año 2013 Catalá publica un decreto por el que se modifican los criterios para la concesión de las ayudas al transporte y se especifica que las distancias se calcularán solamente en dirección nor-noroeste.
Y entonces recuerden a Churruca, imaginen que no han contado con la velocidad del enemigo, con el viento reinante ni con los pares de velas adicionales izados a toda prisa por los marineros de la Pérfida Albión y como el bueno de Cosme observan, desde el supuestamente a salvo puente de popa del San Juan Nepomuceno, como la segunda andanada de sus enemigos desarbola su nave, la deja al pairo en mitad de la escuadra enemiga y a merced de seis barcos que la cañonean sin piedad hasta que tantos son los muertos y heridos que son más que los vivos y se ve obligada a rendirse.
Luego abran los ojos, corran a por una brújula y miren si ustedes y sus hijos están en dirección nor-noroeste con respecto del Evaristo Calatayud. 
Eso o carguen sus cañones, ahora que aún los tienen, avancen hacia la refriega, ahora que aún están a salvo de las andanadas de Catalá y Educación en este asunto en concreto, y participen en la lucha. 
Puede que no sea su obligación hacerlo, pero no siempre hay que hacer las cosas por obligación.

1 comentario:

M.José López dijo...

Hola Gerardo,como siempre,excepcional!!!gracias por tu apoyo

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