jueves, julio 04, 2013

Un esgrimista descubre el auténtico objetivo del PP

"Cuando, en el combate cuerpo a cuerpo, descubres, tras las fintas en las fintas de las fintas, un movimiento que realiza un ataque innecesario e inconexo con todo lo demás, acabas de llegar al auténtico objetivo que pretende herir tu contrincante".
Desafortunadamente para la humanidad estás palabras no son de Nicolás de Maquiavelo ni ningún otro pensador político; no salen de la boca de ningún eterno personaje shakesperiano ni de ningún otro surgido de la pluma de los grandes maestros universales.
Son de otro personaje, de otro autor. Pero son las únicas que nos demuestran lo que está haciendo nuestro gobierno, lo que está decidido a conseguir ahora que nuestro paso por las urnas le ha dado cuatro años para intentar lograrlo.
Esta danza mortal de esgrima que han iniciado los habitantes de Génova, 13 y Moncloa contra la sociedad empieza con el déficit. Esa es la fina obvia, el movimiento disuasorio que todo lo aglutina, que pretende, deforma burda y general, ocultarnos todos sus otros movimientos.
Pero, como ya tenemos callo en esto de la esgrima social, no cuela y ellos saben que no va a colar. 
Vemos claramente que tras ese zigzagueo, ese aparente ataque hay otro movimiento: su ideología, su afán neocon y postliberal de privatización, de convertir todo en un negocio.
E, identificada la finta primaria, nos lanzamos contra el segundo ataque. Justo para descubrir que también es un engaño, que es la finta en la finta. 
El sentido de la sociedad como negocio no es más que una cortina de humo que nos oculta otra cosa, percibimos que ese movimiento oculta un último giro de muñeca que pretende cambiar el destino del ataque. No se trata de algo general, se trato de algo individual, de algo particular: no defienden el concepto de la sociedad como negocio, defienden el concepto de la sociedad como su negocio.
Superados los dos amagos, los dos falsos ataques descubrimos su corrupción, sus sobres volantes e invisibles, sus privatizaciones nepotistas otorgadas a amigos y familiares, su entrega de los servicios sociales no a la empresa que mejor lo pague, sino a la empresa que más les de a ellos bajo cuerda, que más ejecutivos tenga de sus familiares, que más consejeros autonómicos, exministros o secretarios de Estado coloque en sus consejos de administración.
Y como con la espada ya no pueden hacer más movimientos de distracción para atacar lo que realmente quieren atacar, tiran de la otra mano, de la que empuña la pequeña daga, para seguir apartando nuestra atención del ataque que proyectan.
Nos empiezan a hacer pequeños cortes -no mortales- pero que llaman nuestra atención. Nos arrojan una ley del aborto que no cambia nada pero que impone su criterio, nos tajan con una asignatura de religión que no sirve para hacer proselitismo pero que nos obliga a fijar la vista en ella, nos congelan las pensiones mientras meten mano en la caja de las mismas para otros fines, nos convierten las becas -al menos un tercio de ellas- en caridad gubernamental siempre y cuando les sobre dinero, nos retiran las ayudas de dependencia o para los enfermos crónicos.
Nos producen mil pequeños cortes que solo nos afectan parcialmente como sociedad, que no son mortales para todos en la esperanza de que el escozor que nos provocan distraigan nuestra atención del verdadero ataque que tienen en mente, de la verdadera estocada que busca el objetivo deseado.
Y entonces la lanzan. Parece que no tiene nada que ver con lo demás. Parece que es inútil, que está fuera de toda la honda de fintas en las fintas de las fintas, de ataques emprendidos y de tajos lanzados contra nuestra sociedad. Pero es el ataque real. El primero de ellos.
Con los profesionales sanitarios parando las estocadas privatizadoras a la sanidad pública, con la comunidad educativa intentando detener los tajos en la enseñanza pública y las becas, con los laicos combatiendo contra asignatura de religión, las feministas contra el aborto -aún con criterios equivocados-, los pensionistas luchando por las pensiones, los parados y los sindicatos por el empleo, los jueces contra la corrupción y los desahucios, ellos lanzan su estocada.
Con todo el mundo centrado en sus fintas y en las fintas de sus fintas presentan la reforma del Código de Justicia Militar.
Y parece que no tiene que ver. Que es algo que no afecta a nada de todo lo demás. Pero es el primer ataque real. Es el primer movimiento que busca realmente el objetivo deseado.
Plantean que los militares puedan juzgar a civiles, destruyen el concepto de guerra y lo sustituyen por conflicto armado para que un civil caiga bajo la jurisdicción militar. Convierten una ley clara y concisa en una serie de ambigüedades que les permitirán considerar el terrorismo o la insurrección civil o el mero vandalismo callejero como un conflicto armado. Atacan de frente, con una estocada directa la esencia misma de la democracia.
Y es entonces cuando otros espadazos menos drásticos cobrar relevancia. Es entonces cuando se comprende la ley de tasas judiciales que, en la práctica imposibilita el recurso a quien no tiene dinero, cuando se comprenden los movimientos para controlar políticamente el CGPJ, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo, cuando se explican las motivaciones de la propuesta de una ley que impida a la prensa hablar de los sumarios de corrupción política.
Es entonces cuando se comprende porque se cierran los defensores del pueblo autonómicos y no las oficinas de denominación de origen de las regiones, porque se eliminan los tribunales de cuentas y no las diputaciones provinciales.
Una miriada de hechos inconexos se unen y se explican como antecedentes de un solo ataque. El intento de aplicar la ley antiterrorista a un manifestante vallecano, la exigencia de "modular" y restringir el derecho a la manifestación, la ley que pretende controlar las convocatorias por Internet, restringiendo el derecho de reunión, la solicitud de un consejero de Seguridad e Interior de que los policías autonómicos no respondan ante la ley cuando dan una paliza de muerte a un manifestante, cuando invaden una estación de tren o cuando arrancan un ojo a una ciudadana porque ellos "obedecen órdenes".
Se comprende por qué callan cuando un general clama por el golpe de Estado ante el soberanismo catalán, por qué permiten una sanción a una jueza militar que investiga la corrupción en las altas esferas castrenses,  por qué gastan 800 millones de euros para comprarle a nuestra armada su juguete submarino.
Todos esos elementos dejan de estar ocultos por todas las fintas que nos han lanzado cuando un gobierno civil, surgido de las urnas, se preocupa, en plena tormenta política por otros motivos, de cambiar la legislación militar para permitir que los civiles caigan bajo ella.
Algo innecesario porque no estamos en guerra, porque no hemos experimentado filtraciones de seguridad nacional, porque en esta crisis no necesitamos al ejército para nada. Nosotros no, pero ellos quizás sí. Tal vez no ahora, pero a lo peor dentro de un tiempo sí.
Y quieren asegurarse poder hacerlo para atacar lo único que quieren atacar y destruir de esta sociedad. El derecho a no seguir sus directrices.
No nos queda más remedio que seguir parando los otros ataques, pero a partir de ahora tendremos que tener un ojo siempre en la otra mano, en aquella con la que realizan los ataques aparentemente inútiles e inconexos. Porque esos son los realmente importantes.
A partir de ahora ya no tendremos excusa para no mantener en nuestra memoria la cita de un personaje fruto de la genialidad de un escritor que solamente cometió el error de escribir sobre política, sobre sociología y sobre la humanidad en un género en el que normalmente se espera leer sobre naves espaciales y alienígenas.
Tendremos que repetirnos como un mantra


"Cuando, en el combate cuerpo a cuerpo, descubres, tras las fintas en las fintas de las fintas, un movimiento que realiza un ataque innecesario e inconexo con todo lo demás, acabas de llegar al auténtico objetivo que pretende herir tu contrincante".
Ducan Idaho, guerrero, maestro de armas y maestro de asesinos (Frank Herbert. Cazadores de Dune)

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